Cómo publicar un libro

Publicar un libro no es tarea sencilla, ni para el autor ni para la editorial. En otras ocasiones ya comenté ciertos aspectos —Cómo publicar (desde el punto de vista del editor), Cómo publicar un libro y Cómo publicar un libro (2ª parte)—, y aunque son consejos que mantengo, pienso que no hice hincapié suficiente en una cuestión crucial: la obra debe estar escrita correctamente; sin eso, las posibilidades de publicar se reducen drásticamente. Os explico el porqué:

Las editoriales son empresas y, como tales, hacen balance entre costes y beneficios potenciales. Y uno de los primeros costes a tener en cuenta es el de corrección. Si buscáis en internet tarifas, comprobaréis que varían mucho en función de si la corrección solo es ortotipográfica (ortografía y tipografía) o si también se debe hacer corrección de estilo (gramática, semántica, redacción y contenido). Y, por otra parte, los costes también oscilan mucho según la cantidad de correcciones que deban hacerse: no es lo mismo una obra que tiene tres errores en todo su conjunto que otra que presenta decenas por página y que además exige corrección exhaustiva de estilo. Mientras la primera se puede «revisar» en unos pocos días, la segunda puede implicar muchos meses de trabajo.

Teniendo esto en cuenta, al departamento de lectura de una editorial le basta una simple ojeada para realizar esta primera criba; y es en ese momento y por estas razones por las que se suele declinar la publicación de una gran cantidad de propuestas de edición. Quienes desconocen esto, pueden pensar que su manuscrito no ha sido seleccionado porque «no ha gustado». Pero nada más lejos de la realidad: en estos casos, casi nunca se lee la obra; el descarte puede hacerse incluso en cuestión de segundos.

De hecho, en función de esta primera toma de contacto, podrían establecerse cinco categorías de escritores/obras. Aunque existen excepciones —por lo general, se dan cuando intervienen más factores que los estrictamente literarios—, la siguiente regla general me consta que es una realidad en el mundo editorial:

A) Obras escritas correctamente en todos los sentidos. Solo es necesaria una revisión por si al autor se le ha «escapado» algún detalle o si se juzga conveniente pulir algún aspecto concreto del estilo. Son las que desean recibir todas las editoriales, por sus bajos costes en corrección y porque sus autores suelen tener una evidente experiencia y calidad, lo que asegura poca inversión de trabajo y una alta rentabilidad potencial. No se descartan en los primeros procesos de selección; si son rechazadas es debido a otras cuestiones valoradas posteriormente tales como línea editorial, catálogo o aspectos comerciales.

B) Obras con algunas carencias en formación ortotipográfica y/o algunas cuestiones de estilo, pero fácilmente detectables y enmendables. Su publicación sigue siendo asumible por cualquier editorial.

C) Obras que poseen debilidades y fortalezas en diversas cuestiones, normalmente tanto en ortotipografía como en estilo. En estos casos, en algunas editoriales serán descartadas de inmediato y en otras continuarán el proceso de valoración, siempre y cuando las fortalezas pesen más que las debilidades.

Las obras de estas tres categorías acostumbran a encontrar su sitio, algunas con mayor esfuerzo que otras, en más o menos tiempo, en editoriales grandes, medianas o pequeñas; pero contactando con todos los editores que sean necesarios, las probabilidades de encontrar uno interesado son reales. En España, una herramienta que os puede ser útil es la base de datos de editoriales del Ministerio de Cultura.

En cambio, las categorías D y E, lo tienen muy difícil para publicar en una editorial tradicional, y la mayor de las veces la única opción que les queda es la coedición o la autopublicación. Cierto es que hay autores que deciden hacerlo de esta forma por cuestiones ajenas a no haber encontrado una editorial convencional, u ocasiones en las que simplemente no están interesados en ceder los derechos de edición (por ejemplo, en mi caso, decidí que el PDG fuera una obra libre y sin ánimo de lucro por el asunto que trata, razón por la cual no la envié a ninguna editorial ni está a la venta en ninguna plataforma, y así permanecerá), pero esa es otra cuestión aparte a la que estamos tratando.

En el caso que nos ocupa, la situación en la que se hayan las categorías D y E en búsqueda de editor es debida ya no solo a los costes de corrección, sino a la propia competencia entre manuscritos. A las editoriales tradicionales llegan una gran cantidad de textos de categorías C, B y A, por lo que no suelen tener necesidad de recurrir a obras de categorías menores, D y E, las cuales se detectan y descartan de manera instantánea casi siempre:

D) Obras con muchas carencias en formación ortotipográfica y estilística, a lo que se le suele sumar un factor añadido de aleatoriedad y ambigüedad —es decir, no se puede establecer un patrón en los errores—. Implican una complejidad muy elevada de corrección, y es frecuente que el corrector tenga que consultar al autor en numerosas ocasiones sobre determinados aspectos del texto para aclarar dudas.

E) Obras con valor literario escaso o nulo. En el mejor de los supuestos, la idea que da origen al texto puede ser atractiva; pero no bastaría un corrector para que alcanzara calidad literaria suficiente, sino que precisaría de un escritor profesional para escribir o rehacer la obra renunciando a ser reconocido como autor de la misma. Con lo que no solo se dispara de manera exponencial el coste, sino que se añade la dificultad de encontrar a algún profesional dispuesto a asumir ese encargo.

Sabiendo que esto ocurre, ¿qué se puede hacer para maximizar las posibilidades de publicar un libro? En realidad, no hay solo una vía, sino varias:

Investigación en internet. Existen multitud de sitios web que tratan temas de corrección. Sí, esto constituye un acceso gratuito a la información, pero el principal problema es que hay de todo, en lo positivo y en lo negativo, y la realidad es que un escritor sin formación no va a ser capaz de discernir una fuente fiable de otra que no lo es. En este sentido, considero útiles comentarios acerca de experiencias, pero para formarse por cuenta propia y sin apenas coste solo recomendaría que se hiciera a través de recursos provenientes de la máxima autoridad, que en este caso es la RAE (Real Academia Española).

Autodidacta. Las principales ventajas son: un coste económico mínimo (compra del Diccionario panhispánico de dudas y la Ortografía de la RAE; la versión de consulta online no es tan completa, por lo que no recomiendo su uso para aprendizaje); la lectura y estudio de ambos, garantiza la adquisición de los conocimientos necesarios para estar en la categoría A tanto a nivel ortotipográfico como estilístico —en sus aspectos más formales: gramática y semántica—; y además, pese al hándicap de no poseer titulación, puede abriros las puertas a empleos dentro del sector como lectores, correctores, editores y cargos relacionados. Desventajas: el tiempo requerido (yo me decanté por esta opción y tardé un año en completar la formación, mientras la compaginaba con el segundo curso de la carrera de Historia); comprobaréis que, a veces, las recomendaciones de la RAE y el uso real en literatura difieren, y tendréis que contrastar cada caso con obras publicadas recordando que no sois académicos sino escritores, por lo que lo recomendable es priorizar el uso literario; por último, si no existe intención más que de publicar una sola obra, seguramente habréis adquirido muchos conocimientos que no vais a usar, con lo que habréis hecho un sobresfuerzo innecesario.

Cursos. A veces, ciertas entidades —como pueden ser las propias editoriales—, ofrecen cursos de formación para trabajos específicos. Si tenéis la oportunidad de realizar uno de corrector, no desaprovechéis la ocasión. Cierto es que, por regla general, tendréis que pagar por inscribiros; pero es la manera más rápida y eficaz de conocer las claves que os permitirán pasar los primeros filtros de las editoriales y maximizar vuestras opciones de publicar. Y además, contaréis con una titulación que acredite vuestra formación en el caso de que, más adelante, decidierais optar a ese empleo.

Contratación de un corrector profesional. En lo positivo, como escritor, haces lo que acostumbra ser más divertido —crear—, y delegas en otro la tarea que suele ser más pesada y rutinaria —la revisión y corrección—; ahorras tiempo propio, ya que no tienes que corregir ni formarte; y te aseguras que la obra esté bien escrita. No obstante, hay otros factores a contemplar: el coste económico, mayor cuanto menor sea tu preparación como escritor; la tarea de un corrector es corregir, no impartir formación, con lo que si en el futuro quisieras publicar otra obra, seguirías necesitando de sus servicios; pueden surgir numerosos desacuerdos por las correcciones realizadas, con lo que existe el riesgo de quedar descontento con la labor del corrector; y, por otra parte, si tus conocimientos son escasos, lo cierto es que no podrás verificar por ti mismo que el corrector ha realizado su trabajo de manera adecuada a menos que comiences a formarte.

Talleres literarios. La gran mayoría de los talleres literarios están enfocados más al aspecto creativo que a la enseñanza formal de la literatura: la ortotipografía y el estilo. Las razones de hacerlo así por quienes los imparten supongo que están relacionadas con la rentabilidad, con el número de alumnos potenciales interesados en una cuestión u otra. No obstante, sin preparación en los aspectos formales, las posibilidades de publicar son escasas. Quien desconoce esto, comparará publicar un libro con que te toque la lotería, y en estas condiciones, estará en lo cierto.

Carreras universitarias. Tal vez os sorprenda, como me sorprendió a mí también cuando realicé trabajos de corrección para algunas editoriales, que licenciados en Filología no estuvieran directamente en la categoría A. En general, el nivel en estilo y ortografía suele ser alto, pero en tipografía puede decaer mucho, y es que la enseñanza reglada académica no suele ahondar con profundidad suficiente en este aspecto. Así que, no os confiéis. Si no sois capaces de lograr que el manuscrito presente la misma tipografía que un libro publicado, es que aún os faltan conocimientos, y esos «detalles» pueden restaros oportunidades de conseguir mejores contratos para vuestras obras. Valgan de ejemplo dos de los errores más comunes: uso incorrecto de comillas inglesas en vez de españolas; y no distinguir entre guión y raya.

Agentes literarios. Si conseguir publicar puede resultar difícil, el que agentes se interesen por una obra o un autor lo es más todavía. Sin embargo, se puede dar este caso incluso aun exigiendo el texto un gran trabajo de corrección. De suceder esto, tampoco os extrañe que los agentes os pidan una cuantía económica para proceder al análisis pormenorizado de la obra tal vez sin garantizar que vayan a representaros.

Por último, por mi parte puedo ofreceros otra opción, a medio camino entre la corrección y la formación. La idea se me ocurrió hace poco, mientras conversaba con un amigo que está escribiendo su primera novela y al que estaba aconsejando. Como le dije a él, todas aquellas personas de mi entorno que siguieron las recomendaciones que les di, consiguieron publicar sus obras sin más mediación por mi parte que la aplicación de un sencillo método. Y ya van unas cuantas. También recordé lo complicados que fueron mis inicios al no contar con alguien a quien consultar o que me guiara, hecho que en la actualidad me hace sonreír con orgullo, pero en su día fue muy duro. Supongo que en la conjunción de ambos pensamientos estuvo el origen.

La cuestión es que, por experiencia, sé que la mayoría de los textos pueden mejorarse mucho frente a los filtros de las editoriales con unas indicaciones muy precisas en determinados aspectos clave. No se puede establecer una regla fija porque cada autor presenta peculiaridades distintas, y enumerarlas todas equivaldría a escribir el Diccionario panhispánico de dudas; pero os puedo asegurar que con el análisis de tan solo cinco páginas —no necesariamente correlativas— en las que haya el mayor número de elementos utilizados en la obra (diálogo, narración, citas u otros elementos sobre los que tengáis dudas) puedo daros directrices personalizadas de corrección que maximizarán vuestras posibilidades de publicar, al tiempo que con las explicaciones estaréis recibiendo también formación y adquiriendo conocimientos con aplicación práctica inmediata, con lo que no me necesitaríais de nuevo por esos motivos.

Obvio que esto no va a convertir a un autor novel y sin conocimientos previos en un escritor de categoría A. Pero lo que sí se consigue es que el manuscrito se sitúe en una categoría superior a la que se encontraba, con lo que las probabilidades de éxito se incrementan considerablemente sin tener que hacer una gran inversión económica (el coste sería 150€). Si estáis interesados en esta opción podéis contactar conmigo por correo electrónico enviando adjuntas las cinco páginas en un único documento de Word a miguelangelvillarpinto@yahoo.es, poniendo en Asunto: «Revisión de la obra y el título de la misma». Tras el pago, procederé a realizar la revisión y a enviaros el resultado; si tuvierais alguna duda sobre las directrices o explicaciones, os las aclararía en un nuevo y último correo. Ahí concluiría mi labor. Comentar también que, por mi parte, tendréis un acuerdo de confidencialidad, es decir, a menos que seáis vosotros quienes digáis que he realizado esta tarea, nadie más lo sabrá.


En cualquier caso, decidáis la vía que decidáis, mi recomendación es que os decantéis por una de ellas antes de enviar la obra a editoriales o agentes. Pensad que es mejor publicar la obra en las condiciones más ventajosas —aunque eso os lleve años— que firmar acuerdos menores o peor aún, no publicarla nunca por querer correr demasiado. Hay cosas que es mejor hacerlas sin prisa, y esta es una de ellas.

RECOMENDACIONES ADICIONALES:

• Inscribid vuestra obra en el Registro de la Propiedad Intelectual antes de depositarla en manos de otra persona.

• No os compliquéis innecesariamente escribiendo. Si no estáis seguros de cuál es la forma correcta de utilizar un recurso literario, es preferible que busquéis una alternativa. Tened en cuenta que cada error puntúa en negativo y su acumulación baja de categoría al texto.

• Revisad la obra tantas veces sean necesarias hasta que estéis seguros de que no existe error alguno (y aun haciéndolo así, quedarán unos poquitos, es casi inevitable; pero con eso ya se cuenta, razón por la cual el corrector hará siempre una revisión de la obra sea quien sea su autor).

• Pero sobre todo y ante todo, tened paciencia; insisto en ello porque cuanta más prisa tengáis, más difícil os será conseguir el mejor resultado. Aseguraos de que cada paso deis, esté bien dado.

0 comentarios:

Publicar un comentario